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MUJERES PIRATAS DE LA HISTORIA I

Cuando pensamos en los piratas, a todos nos vienen a la cabeza imágenes de luchas con espadas en las cubiertas de los barcos, tesoros enterrados, barriles de ron…con un elemento común. Todas estas escenas están siempre, de forma invariable, protagonizadas por hombres. ¿Qué pasa con las mujeres? ¿Hubo mujeres pirata a lo largo de la historia? ¿Será verdad eso de que no eran admitidas a bordo?

Pues lo cierto es que sí, hubo mujeres piratas en la historia, y no pocas, aunque es cierto que en algunos momentos y zonas del mundo tuvieron que subir a bordo disfrazadas de hombre. Pero esto no siempre fue así: en el norte de Europa, sobre todo durante la era vikinga, hubo numerosos casos de mujeres piratas que navegaron y saquearon en igualdad de condiciones con los hombres.

A lo largo de una serie de artículos (tres, probablemente, pero ya iremos viendo) os hablaré de estas mujeres que, desconocidas en su gran mayoría frente a sus homónimos masculinos, demostraron que el valor, el arrojo y las ansias de libertad, de poder o de venganza no son exclusivas del sexo masculino.

MUJERES PIRATA EN LA ANTIGÜEDAD

 

Moneda con la efigie de Artemisia I de Halicarnaso

 

 

Pero empecemos por el principio: en la antigüedad, en una Grecia en que las mujeres apenas podían salir de sus casas en la mayoría del territorio, Artemisia I de Caria, reina de Halicarnaso, brilló con luz propia. Predecesora de la Artemisa que construyó el Mausoleo de Halicarnaso, considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo, Artemisa fue una reina pirata que se alió con los Persas para luchar contra los griegos.

En la batalla de Salamina, el gran Jerjes dijo de ella que «valía más que todos sus generales hombres juntos». Los griegos, indignados porque una mujer atacara a Grecia, ofrecieron una recompensa de diez mil dracmas por su cabeza, aunque Heródoto elogió su valor y su sabiduría.

 

 

 

 

En la actual Albania encontramos a la reina Teuta, que gobernó Iliria tras la muerte de su esposo Agrón. Expulsó a los helenísticos de sus costas, conquisto Corfú y su flota pirateó por el mar Jónico y Adriático saqueando naves romanas hasta que el senado no pudo hacer oídos sordos a las quejas de los comerciantes y se desató un conflicto que acabaría en la I Guerra Iliria.

 

EL NORTE DE EUROPA

Estatua de Freydis en Riekiavik

 

Volviendo al Norte de Europa, muchas de las que conocemos navegan en la difusa línea que separa la realidad de la leyenda. Ahí tenemos a Freydis, hija de Erik el rojo, a la que se menciona en dos sagas como participante de las expediciones vikingas a Vinlandia (que corresponde a la actual Groenlandia y Terranova).

También a Rusla, la doncella roja, la más sanguinaria de todas las guerreras vikingas, una escudera o skjaldmö noruega del s. X que luchó contra los irlandeses, quienes le dedicaron su sobrenombre debido a su crueldad y falta de compasión en la batalla. Su hermana Stikla también se lanzó al mar, para escapar de un matrimonio impuesto.

 

 

 

 

 

 

Awilda fue una princesa guerrera que vivió en el s.V en el territorio que hoy es Suecia. Hija del rey de Gotland, consiguió que su padre le diera permiso para convertirse en guerrera, consiguiendo tal fama que el rey de Dinamarca quiso casarla con Alf, su hijo. Ella se negó y escapó. Se hizo a la mar con una tripulación de mujeres comenzando su carrera como pirata.

Cuando llegaron a una isla donde una flotilla pirata se había quedado sin capitán, Awilda fue elegida su líder, y se dedicaron a piratear por toda la zona hasta el rey de Dinamarca, furioso por los ataques a sus naves, mandó a su hijo a capturarlos, sin saber que ella era la responsable. Tras la batalla, en que los daneses resultaron vencedores, Awilda se rindió. Su historia tuvo un final romántico: Alf quedó prendado de su prisionera y de su valor y carácter, y ella decidió que el príncipe había demostrado su valía. Se casaron, tuvieron una hija y acabaron siendo los reyes de Dinamarca.

Awilda o Alvilda, reina de Dinamarca.

También en el s.V, la princesa noruega Sela acompañó a su hermano Koller, rey de Noruega, a batallar contra la flota pirata de Horwendil, rey de Jutlandia. Los ejemplos son numerosos en esta zona de Europa y en esta época. La Gesta Danorum es la principal fuente de la que disponemos para saber de las vidas de estas mujeres que siguieron lo que su corazón les dictaba y lucharon codo con codo con los hombres, ganándose su respeto como guerreras y piratas.

Hasta aquí esta primer aparte. En la segunda (que puedes leer aquí) haremos un recorrido por las mujeres que piratearon en la zona centro y Sur de Europa, y nos trasladaremos a la América colonial para conocer algunas de las famosas piratas del Caribe.

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