LADY KILLIGREW, LA MUJER PIRATA DE CORNUALLES

UN ACERCAMIENTO A LADY KILLIGREW

Hace tiempo empecé a investigar sobre mujeres pirata en la historia, entre las que encontramos a nuestra Lady Killigrew. Esta investigación no es una novedad, os lo he contado ya en alguna ocasión, sobre todo porque esto haciendo una serie de artículos sobre ellas (y con otro proyecto del que no puedo hablar mucho entre manos). Lo que no podía imaginarme es que había tantísimas mujeres piratas. Con la de piratas hombres que conocemos, que pocas piratas femeninas están en la memoria colectiva.

El caso es que una de las ideas preconcebidas que solemos tener, supongo que por las películas y novelas sobre los piratas en el Caribe, es que se dedicaba a la piratería quien no tenía otra opción. Quien quería vivir sin ataduras ni señores y, a ser posible, ganar una buena suma de dinero en poco tiempo, antes de acabar colgado al final de una soga en el mejor de los casos.

Lo que muchos no sabemos, y yo tampoco antes de empezar a investigar sobre este apasionante mundo, es la cantidad de nobles que se dedicaron a ello. No hablo de corsarios. No, piratas, sin licencias ni permisos reales ni códigos de honor en cuanto a las banderas que atacaban. Inglaterra, sobre todo la costa de Cornualles, fue un hervidero de piratas, y algunos de ellos tenían apellidos muy poderosos, alcurnia y fortuna.

Hoy vamos a hablar de Mary Wolverston, también conocida como Lady  Killigrew. Esta mujer de armas tomar nació en torno a 1522 y venía ya de estirpe pirata. Su padre era Philip Wolverstone, un conocido caballero pirata. Se casó con Sir John Killigrew, gobernador del castillo de Pendennis, entroncando así con una familia de todavía mayor pedigrí pirata, y entró a formar parte del negocio familiar. Para que os hagáis una idea, hasta su suegra acabó en juicios por piratería.

Lady Killigrew
Retrato de Lady Killigrew realizado en 1638 por Sir Anthony Van Dyck. No sabemos si es Mary Wolverstone, aunque se cree que pudo ser ella.

DEMASIADAS MUJERES PIRATAS CON EL MISMO TÍTULO

A Mary se la confunde en ocasiones con la madre de su marido, Elizabeth, llamada Old Lady Killigrew, e incluso con algunas descendientes suyas. Cosas de que todas lleven el mismo título. La gobernanza del castillo conllevaba el control del tráfico marítimo del puerto cercano y de toda la zona de costa que le correspondía, lo que aprovechaba la familia para hacer negocios.

CORNUALLES, UN REFUGIO DE PIRATAS PARA PIRATAS

Vivían en Arwenack House, casa que disponía de un camino particular y secreto que desembocaba en el mar. El castillo de Pendennis, cercano a la casa, disponía de cien cañones que usaban más como elemento disuasorio que para protegerse de los piratas ellos mismos, como pudiera ser lo lógico. De hecho toda la zona era un refugio seguro para los piratas de Cornualles, que contaban con el apoyo de la familia Killigrew. La propia casa de Arwenack acogía a los más famosos de ellos. No solo esto, si no que ellos mismos tomaban parte en estas actividades desde la posición de ventaja que les daba controlar varios puertos de la costa en calidad de gobernadores. Los sobornos a los funcionarios arreglaban el siempre incómodo tema de las intromisiones de la autoridad.

Vista del puerto de Falmouth desde Pendennis. Thomas Allon. 1831
Vista del puerto de Falmouth desde Pendennis. Thomas Allon. 1831

Mary era descrita como una dura mujer de negocios. La familia creó una dinastía de piratas (además de políticos, soldados y ministros) muy poderosa que consiguió no ser nunca cogida en delito. Como siempre, el poder y la riqueza conllevan beneficios y, en este caso, sus actos solo eran perseguidos si iban a por la presa equivocada.

EL ERROR FATAL DE LA PIRATA

Y esto, queridos lectores, es lo que le paso a Lady Killigrew. En el día de Año nuevo de 1582, cuando la dama ya era una respetable viuda que seguía con los negocios familiares y dirigía con mano de hierro el sindicato de piratas que había fundado con su marido, se desató una tormenta tremenda. Un barco español, el María de San Sebastián, echó anclas justo frente a su castillo y los capitanes decidieron ir a tierra en barca a esperar a que la tormenta amainara. Mary no podía dejar que una presa semejante escapara de sus garras, sobre todo cuando llegó a sus oídos que portaba grandes riquezas. Así que el 7 de enero se subió a una barca junto con varios seguidores, llegaron al buque español, mataron a toda la tripulación que allí se encontraba, tiraron los cuerpos por la borda y regresaron cargados de monedas y rollos de paño de Holanda.

Lo que ocurre es que los españoles no se lo tomaron nada bien y exigieron justicia. Denunciaron el hecho, pero resulta que el hijo de Lady Killigrew era el presidente de los comisarios de piratería de Cornualles, así que la investigación concluyó con un “no sabemos quién ha sido”. Pero los españoles estaban dispuesto a todo y elevaron sus quejas hasta las más altas instancias. Cuando Londres tomó cartas en el asunto las cosas se complicaron para Mary. Hubo una investigación a fondo y ella, junto con dos criados que la acompañaron, fue detenida y acusada de piratería y asesinato. De nuevo aquí el poder se hace notar. Sus criados fueron condenados y ejecutados, pero ella recibió el perdón de la reina Isabel I.

No se sabe más de ella excepto que murió después de 1587. En esta fecha estaba todavía viva, pues hay registros de ello en las notas sobre un juicio por piratería (qué familia, mi madre, qué familia) al que se enfrentó su hijo John. Muy probablemente Mary acabó sus días en sus tierras, viviendo una vida apacible y confortable, haciendo lo que mejor sabía hacer.

Y SI QUIERES SABER MÁS…

En la segunda parte de mi serie de artículos sobre mujeres pirata de la historia (que puedes leer aquí) está muy bien acompañada por otras importantes piratas. La bibliografía fundamental sobre su vida es el famosísimo libro Historia de la piratería, de Philip Gosse, a parte de algunos volúmenes sobre la historia de Cornualles que hacen hincapié en esta familia y sus aguerridas mujeres. En este artículo, muy bien documentado, se habla de ellas y de las confusiones que ha habido a lo largo de la historia con las diferentes Lady Killigrew. Muy recomendable para saber un poco más.

MARY READ, LA MUJER PIRATA QUE VISTIÓ DE HOMBRE TODA SU VIDA.

Cuando era niña, me encantaban las historias de piratas. ¿A quién no? Leía sus aventuras, soñaba con navegar, dormir bajo las estrellas, luchar con espadas y beber ron rodeada de buenos mozos….bueno, esto igual no , no olvidemos que era una niña. Pero vamos, que me atraían muchísimo con ese aire de libertad y rebeldía que siempre han tenido.

Recuerdo que a mi padre también le gustaban. Tenía un libro que se convirtió en imprescindible para mí. Tanto, que cuando me independicé se lo robé se lo cogí prestado y desde entonces lo tengo en casa conmigo. En ese libro, que recorre la historia de la piratería desde la antigüedad hasta nuestros días, había un capítulo dedicado exclusivamente a dos mujeres pirata: Anne Bonny y Mary Read. Mi mundo explosionó: ¿Mujeres pirata? ¿Habían existido? Así entré en contacto con estos dos personajes que tantísimo me han gustado desde entonces. Al primero le dediqué una novela entera, De viento y sal y el segundo va tan unido al primero que, por supuesto, tiene un peso muy importante en la novela.

Pero Mary también quiere ser protagonista y, como es evidente que se lo merece, hoy vamos a profundizar en su historia. Nuestra protagonista tuvo una vida que supera lo que podamos leer en cualquier novela o ver en cualquier película.

PRIMEROS AÑOS DE MARY READ

Nació en Londres allá por 1690, hija ilegítima de un hombre desconocido. Como quiera que su madre estaba casada con un marino con el que tuvo un hijo, al enviudar la abuela del niño, que estaba bien posicionada en lo económico, les ayudaba con una pequeña manutención. Cuando el pequeño murió, la madre vistió a Mary de muchacho y lo hizo pasar por su hermano para no perder la pensión. Así pues, Mary creció como un niño y se acostumbró a actuar como tal.

Con dieciséis años se enroló en un barco de guerra británico que deserto frente a la costa holandesa. Allí Mary se alistó en el ejército y combatió en Flandes, primero en la infantería, luego en caballería. Participo en numerosos combates y escaramuzas, y se enamoró de un compañero de escuadrón, al que acabó confesando su secreto. El compañero no solo no se enfadó, sino que le correspondió. Ella hizo público su secreto, abandonó el ejército, se casaron y abrieron una pequeña posada en Flandes, Las tres herraduras, con el dinero que fue el regalo de bodas de sus compañeros del ejército.

Mary Read
Mary Read, en un dibujo antiguo.

ENCUENTRO CON JACK RACKHAM Y ANNE BONNY

Durante un tiempo vivió como mujer, pero la pobre Mary no tuvo una vida fácil: su marido murió, la guerra acabó y la posada quebró. Así pues, en 1719 volvió a vestirse de hombre y se enroló en un barco holandés que iba hacia las Indias Occidentales, con la mala (o buena, según se mire) suerte de que este barco fue abordado por Calico Jack y su tripulación. Mary Read, que se hacía llamar Mark, pidió ser aceptado en la banda pirata, y allí comenzó una breve carrera que la metería de cabeza en los libros de historia.

Anne Bonny, la otra mujer pirata de la tripulación de Rackham, pronto descubrió su secreto. Lo que pasó entre ellas no está claro: algunos dicen que eran amantes, otros que formaban un trío muy bien avenido con Jack, otros que simplemente eran amigas y cómplices como únicas mujeres del barco. Lo que sí sabemos es que Jack se enteró por fin de que tenía otra mujer a bordo (dicen que porque tenía unos enormes celos de ese joven marinero con el que tanto tiempo pasaba su amante, Anne, lo que hizo que al final tuvieran que confesárselo) y no pareció importarle demasiado.

Sea como fuere, Mary acabó enamorándose de otro tripulante, un artista que se había unido a la banda de Jack después de ella. Hubo un duelo, dicen que entre Mary y un pirata que se iba a batir con su amado. Parece que ahí ella descubrió su género antes los compañeros. El artista le correspondió. Pero de nuevo la felicidad esquiva a nuestra pirata: en 1720 fueron capturados por Jonathan Barnet, un enviado de Woods Rogers, gobernador de Jamaica.

 

Portada de Las mujeres pirata
El duelo de Mary Read. Dibujo portada de Las mujeres pirata, de Henry Musnik, Ed. Renacimiento.

CAPTURA Y PRISIÓN

El día anterior parece que habían capturado un barco con una gran carga de alcohol y algunos hombres de la tripulación habían desaparecido con su parte del botín. Parece que Jack invitó a subir a bordo a marineros de otro barco para beber con ellos. El motivo, o incluso la realidad de este hecho, no está claro. Pudiera ser que quisiera persuadirles de unirse a su tripulación. Tal vez solo quería compañía. De cualquier manera, cuando a la mañana siguiente Barnet les abordó, solo tres personas estaban en condiciones de defenderse: Mary, Anne y un joven marinero que parece ser el amante/marido de Mary.

Según las crónicas lucharon como demonios salidos del infierno, a mandoblazo limpio, con pistolas, incluso con los puños, los dientes y los pies. Hubo que atar a las dos mujeres para que dejaran de resistirse. “¡Ay, si en lugar de estos miedicas hubiera tenido mujeres a mi lado!” dicen que dijo Mary al ser capturada.

Tenemos un relato pormenorizado del juicio. Mary declaró: “No me asusta la horca. Nunca he temido a la muerte, eso lo dejo para los cobardes que, gracias a Dios, permanecen lejos del mar por miedo a los castigos pendiente y se contentan con robar en tierra, engañar a viudas y huérfanos, perjudicar al prójimo y, sin embargo, son considerados gente decente. Si semejantes bribones invadieran el mar al no tener castigos, pronto se acabaría toda clase de piratería hecha y derecha”.

Toda la tripulación fue condenada a muerte. Mary, al igual que Anne, consiguió un aplazamiento por encontrarse encinta, pero el respiro le duró poco: en la Primavera de 1721 cogió unas fiebres y murió en prisión, con treinta y un años. Una vida corta pero muy intensa, en la que la realidad supera a la ficción.

Grabado en madera de Mary Read
Mary Read, grabado en madera del S. XVIII

VISIÓN DE MARY READ

En un libro de 1837, Las aventura y el heroísmo de Mary Read, se la describe así: “Su conducta siempre estuvo muy acorde con sus principios de virtud a pesar de la fogosidad de sus sentimientos. Aunque se hubiese dejado llevar por un modo de vida deshonroso que dejó una marca en la memoria y le concedió un lugar entre los criminales de su tiempo, poseía una conducta recta, muy superior a la de muchas mujeres que no tuvieron que sufrir las tentaciones de faltar a la castidad y al honor femenino”

Mary aparece en distintas novelas, videojuegos y series de televisión, donde siempre se da una visión positiva de ella. A pesar de estar fuera de la ley el hecho de ejercer la piratería siendo una mujer y los testimonios que hay de su carácter y su honradez han dejado para la posteridad una imagen muy favorable de ella.

Tanto Mary con Anne han sido reivindicadas por el movimiento LGTBI+. No existen pruebas fiables de que entre ambas existiera una relación, sin embargo, no hay que olvidar que los testimonios y datos que han llegado hasta nosotros son de una época donde esta opción ni siquiera se planteaba ni se aceptaba, mucho menos se dejaba constancia por escrito. Así que ¿Quién sabe? Pudiera haber sido, teniendo en cuenta la mente abierta de los piratas con respecto a la sexualidad, el carácter de ambas mujeres y la situación en que se encontraban.

Y hasta aquí la biografía de hoy. Espero que os haya resultado interesante. Momento spam: si os apetece leer más sobre ella, en mi novela De viento y sal tiene un papel importante.

MUJERES PIRATA DE LA HISTORIA II

En el artículo anterior, que puede leer aquí, hablamos de las mujeres pirata de la historia que vivieron en la antigüedad y en el norte de Europa. Hoy vamos a hablando de estas valientes mujeres que se hicieron a la mar para conseguir riquezas, poder o libertad.

 

MUJERES PIRATA EN EL SUR DE EUROPA Y NORTE DE ÁFRICA

En esta zona encontramos dos mujeres fuera de lo común. Una fue Malika Fadel Ben Salvador, nacida en Almería en 1302. Fue criada por su abuelo, pues se quedó huérfana con dos años en el asedio de Jaime II de Aragón a Almería. Este era comerciante de hachís y corsario, y llegó a desposarla en lo que parece una táctica para asegurarle la herencia,. A su muerte, una Malika de 22 años recogió el testigo y pasó a dirigir su flotilla pirata de tres barcos, de la que fue capitana. Pirateó por todo el Mediterraneo.
Dicen que se hacía acompañar por un eunuco gigante para su protección personal, y que mantenía una relación con una egipcia a la que había liberado de la esclavitud. Para ella mandó construir un palacete en Almería, y junto a ella murió, en torno a 1350, en una refriega contra el almirante franco-catalán Moreau de Perellós.

La otra fue Sayyida Al-Hurra, cuyo nombre significa «La dama libre», gobernante de Tetúan por derecho propio a la muerte de su esposo. Aunque era infrecuente que una mujer gobernara en tierras musulmanas, ella fue muy respetada y querida por sus súbditos. Se repartió con el famoso pirata Barbarroja el Mediterráneo: para él la zona oriental, para ella la occidental. Manejó los hilos de su flota pirata desde Tetuán. Fue el terror de portugueses y españoles, aunque ella manejó la flota siempre desde tierra. En 1541, se casó con el sultán de Marruecos, convirtiéndose así en una reina pirata.

Sayyida Al Hurra, gobernante de Tetuán y reina pirata de Marruecos.

El trono le duró poco, pues en 1542 el consuegro de Sayyida la derrotó y la forzó a abdicar. Se retiró a Chouen, donde reposan sus restos y donde recibe las visitas de numerosas mujeres, pues ven en esta pirata una auténtica inspiración. Hoy día es considerada uno de los personajes más importantes de la historia de Marruecos.

 

MUJERES PIRATA EN FRANCIA E INGLATERRA

Si nos movemos hacia Francia, una de las piratas más importantes fue Jeanne de Belleville, conocida como la Dama de Clisson por su matrimonio con Olivier IV de Clisson. También llamada la tigresa bretona, se quedó viuda en 1343 cuando Felipe VI de Francia decapitó a su marido por felonía. Ella juró vengarse y arrastró a sus hijos en su venganza. Muchos nobles bretones la siguieron y comenzaron a hostigar a los barcos franceses, hasta que sufrieron una gran derrota y hubo de refugiarse en Inglaterra con uno de sus hijos, pues el otro había muerto tras días a la deriva en una barca.
Allí se volvió a casar con un noble inglés y acabó sus días en Bretaña. Tras su muerte, su hijo Olivier consiguió que rehabilitaran la memoria de su padre y recuperó sus tierras y su título.

En Inglaterra tenemos a Mary Wolverstone, Lady Killigrew, hija de un caballero pirata, esposa de otro, y toda una dama pirata ella misma. Una auténtica dinastía. Hasta su suegra, lady Elizabeth Killigrew, fue juzgada por piratería. Ofrecían refugio en sus tierras a los piratas más famosos de la zona, y saqueaban impunes hasta que Mary, en 1582, se topó con la presa equivocada: un barco español que exigió justicia. Ella y sus compinches fueron juzgados por piratería pero, aunque sus cómplices fueron ejecutados, ella recibió el perdón de la reina Isabel I.

Lady Killigrew, dama pirata.

 

LA GRAN GRACE O’MALLEY

Y, por supuesto, no nos podemos olvidar de Grace O’Malley, la irlandesa cuyo nombre gaélico era Gráinne Ni Malle, reina de Umaill, líder de clan y pirata que utilizaba su fuerza naval no solo para conseguir botines si no para hostigar a Inglaterra, convirtiéndose en un dolor de cabeza para la reina Isabel I. Nacida en torno a 1530, su sobrenombre (Mhaoll, que significa calva o pelo muy corto) le viene porque se cortó el pelo cuando su padre dijo que no podía acompañarle en una expedición porque su melena se enredaría en los cabos del barco.
Se casó dos veces, tuvo cuatro hijos y, cuando la reina de Inglaterra capturó a sus hijos en contienda, no se quedo quieta. Subió con sus barcos por el Támesis vestida como una soberana y dispuesta a no postrarse ante ella, conversaron en latín y llegaron a un acuerdo, aunque la paz no duró mucho. Ambas murieron el mismo año, en 1603.

Grace O’Malley negocia con la reina Isabel I de Inglaterra.

 

Hasta aquí la entrada de hoy. En el próximo artículo hablaremos de las piratas del Caribe, que fueron muy numerosas.

MUJERES PIRATAS DE LA HISTORIA I

Cuando pensamos en los piratas, a todos nos vienen a la cabeza imágenes de luchas con espadas en las cubiertas de los barcos, tesoros enterrados, barriles de ron…con un elemento común. Todas estas escenas están siempre, de forma invariable, protagonizadas por hombres. ¿Qué pasa con las mujeres? ¿Hubo mujeres pirata a lo largo de la historia? ¿Será verdad eso de que no eran admitidas a bordo?

Pues lo cierto es que sí, hubo mujeres piratas en la historia, y no pocas, aunque es cierto que en algunos momentos y zonas del mundo tuvieron que subir a bordo disfrazadas de hombre. Pero esto no siempre fue así: en el norte de Europa, sobre todo durante la era vikinga, hubo numerosos casos de mujeres piratas que navegaron y saquearon en igualdad de condiciones con los hombres.

A lo largo de una serie de artículos (tres, probablemente, pero ya iremos viendo) os hablaré de estas mujeres que, desconocidas en su gran mayoría frente a sus homónimos masculinos, demostraron que el valor, el arrojo y las ansias de libertad, de poder o de venganza no son exclusivas del sexo masculino.

MUJERES PIRATA EN LA ANTIGÜEDAD

 

Moneda con la efigie de Artemisia I de Halicarnaso

 

 

Pero empecemos por el principio: en la antigüedad, en una Grecia en que las mujeres apenas podían salir de sus casas en la mayoría del territorio, Artemisia I de Caria, reina de Halicarnaso, brilló con luz propia. Predecesora de la Artemisa que construyó el Mausoleo de Halicarnaso, considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo, Artemisa fue una reina pirata que se alió con los Persas para luchar contra los griegos.

En la batalla de Salamina, el gran Jerjes dijo de ella que «valía más que todos sus generales hombres juntos». Los griegos, indignados porque una mujer atacara a Grecia, ofrecieron una recompensa de diez mil dracmas por su cabeza, aunque Heródoto elogió su valor y su sabiduría.

 

 

 

 

En la actual Albania encontramos a la reina Teuta, que gobernó Iliria tras la muerte de su esposo Agrón. Expulsó a los helenísticos de sus costas, conquisto Corfú y su flota pirateó por el mar Jónico y Adriático saqueando naves romanas hasta que el senado no pudo hacer oídos sordos a las quejas de los comerciantes y se desató un conflicto que acabaría en la I Guerra Iliria.

 

EL NORTE DE EUROPA

Estatua de Freydis en Riekiavik

 

Volviendo al Norte de Europa, muchas de las que conocemos navegan en la difusa línea que separa la realidad de la leyenda. Ahí tenemos a Freydis, hija de Erik el rojo, a la que se menciona en dos sagas como participante de las expediciones vikingas a Vinlandia (que corresponde a la actual Groenlandia y Terranova).

También a Rusla, la doncella roja, la más sanguinaria de todas las guerreras vikingas, una escudera o skjaldmö noruega del s. X que luchó contra los irlandeses, quienes le dedicaron su sobrenombre debido a su crueldad y falta de compasión en la batalla. Su hermana Stikla también se lanzó al mar, para escapar de un matrimonio impuesto.

 

 

 

 

 

 

Awilda fue una princesa guerrera que vivió en el s.V en el territorio que hoy es Suecia. Hija del rey de Gotland, consiguió que su padre le diera permiso para convertirse en guerrera, consiguiendo tal fama que el rey de Dinamarca quiso casarla con Alf, su hijo. Ella se negó y escapó. Se hizo a la mar con una tripulación de mujeres comenzando su carrera como pirata.

Cuando llegaron a una isla donde una flotilla pirata se había quedado sin capitán, Awilda fue elegida su líder, y se dedicaron a piratear por toda la zona hasta el rey de Dinamarca, furioso por los ataques a sus naves, mandó a su hijo a capturarlos, sin saber que ella era la responsable. Tras la batalla, en que los daneses resultaron vencedores, Awilda se rindió. Su historia tuvo un final romántico: Alf quedó prendado de su prisionera y de su valor y carácter, y ella decidió que el príncipe había demostrado su valía. Se casaron, tuvieron una hija y acabaron siendo los reyes de Dinamarca.

Awilda o Alvilda, reina de Dinamarca.

También en el s.V, la princesa noruega Sela acompañó a su hermano Koller, rey de Noruega, a batallar contra la flota pirata de Horwendil, rey de Jutlandia. Los ejemplos son numerosos en esta zona de Europa y en esta época. La Gesta Danorum es la principal fuente de la que disponemos para saber de las vidas de estas mujeres que siguieron lo que su corazón les dictaba y lucharon codo con codo con los hombres, ganándose su respeto como guerreras y piratas.

Hasta aquí esta primer aparte. En la segunda (que puedes leer aquí) haremos un recorrido por las mujeres que piratearon en la zona centro y Sur de Europa, y nos trasladaremos a la América colonial para conocer algunas de las famosas piratas del Caribe.

Suscríbete y no te pierdas ni un solo artículo

    Responsable: Clara S. Mendívil - Finalidad: Ponernos en contacto con usted y gestionar su solicitud. - Legitimación: Consentimiento del interesado al marcar la casilla y enviar sus datos. - Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos como se explica en nuestra política de privacidad
    política de privacidad y acepto el consentimiento para el tratamiento de mis datos personales.
    Este sitio está protegido por reCAPTCHA y se aplican la política de privacidad y términos del servicio de Google.